Cuando se camina permanentemente por una realidad paralela se corre el riesgo de desaparecer, de olvidar viejas formas de comunicaciòn y de acabar siendo para uno mismo un pariente incòmodo de reconocerse en una realidad que no acepta caprichos ni cambios.
Yo construì una realidad con tus manos de mandarina y es ahora cuando irremediablemente me toca tirar de la anilla de mi viejo paracaìdas...y ya puedor oir el ploff.
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